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Nathan

Manual del cortejo

 

Manuel sale del cortijo a primera hora de la mañana, como todos los domingos desde hace cuarenta años. Se llega al pueblo andando, ayudado de un callado de madera que talló cuando su mujer se marchó, treinta años de eso. El pueblo era mucho para ella, no lo soportó, a él tampoco, se fue sin niños porque tampoco los había. Desde ese día Manuel se centró en el cortijo, en trabajar de sol a sombra, que mas le daba, lo hacía desde niño, tirar de carretilla, dar paladas y vivir la vida lo mejor que podía.

Solo salió del pueblo el día del funeral de su mujer hacia tres semanas, le había dejado en herencia una niña de 30 años, eso le dijo el notario en Madrid, no le interesó la herencia y regresó esa misma noche al cortijo. Cenó lo que la Dolores la mujer que iba tres veces por semana al cortijo le había preparado, por él moriría de hambre, cocinar y la casa era cosa de mujeres.

Pero hoy era domingo y él siempre bajaba del cortijo andando, ayudado de su callado de madera. Tenía sesenta y cinco años, estaba fuerte como un toro y cerrado de entendederas como una piedra.

Manuel se sentó a la mesa de mus con sus compañeros y Marcela, la esposa de Segismundo el propietario de la tasca les sirvió unos vinos. Comenzaron a arrojar cartas y hacer apuestas. La Marcela no le quitaba ojo de encima y eso a Manuel le escamaba.

El ruido producido por la cortina de piedras de la entrada de la tasca del Segismundo interrumpió la partida, incluso el televisor de culo enorme que se mecía a la altura del techo del antiguo establecimiento enmudeció ante la presencia de la mujer de 30 años que turbo el animo de los parroquianos.

La Marcela, como mujer de mundo estudió a la elegante mujer que quitándose unas gafas de sol con nombre de persona extranjera los barrió a todos los presentes del garito. En tres zancadas que taconearon el suelo de azulejos blancos y azules se planto frente Manuel, se presento la rapaz como la hija de la María, su hija, y con giro de modelo atascó uno de sus tacones de aguja en un agujero del suelo roto de baldosas, que atrapó el tacón de aguja junto el esbelto tobillo que la mujer mostraba por debajo de un dobladillo recogido de unos pantalones que también reconocían a nombre propio de persona famosa extranjera.

 

Deus ex machina.

Publicado la semana 7. 21/02/2021
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