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Daminis

Cupones para adelgazar

Uno no sabe qué esperarse cuando le dan un cupón de "Harry's & García, no cambie, haga que su entorno le cambie por usted". ¿A qué se refiere con mi entorno, a mí familia? El reverso del cupón te da la respuesta: "para ser la persona que quiere llegar a ser no tiene por qué esforzarse, modificando ligeramente algunos elementos de su entorno como puedan ser su coche, su casa o su oficina todo se convertirá en una cuesta abajo por la que solo deberá dejarse llevar para que su vida empiece a ser como siempre ha querido que sea." A mí me regalaban el cupón, por ejemplo, porque estoy gordo, bastante gordo. Puedo moverme sin problema y todo eso y mi apariencia no hiere sensibilidades, pero tengo unproblema con la comida, la verdad. Rectifico, estoy gordo, pero no gordísimo, pero me veo muy gordo porque como una barbaridad porque tengo un problema con la comida y por eso llamo a Harry's & García y les digo que quiero canjear el vale y ellos me dicen nosequé de unas tasas y al final consiguen que pese al vale me toque acabar pagando.
Me llevan dos días a un hotel o a algo que se le parece y yo ya creo que me van a poner a dieta y que por tanto están haciendo trampas, pero resulta que no es así, que puedo comer lo que quiera a cambio solo de haberles dado las llaves de mi casa, y al cabo de dos días me las devuelven junto con "pequeños cambios" en mi hogar y una sonrisilla mientras dicen esto. Pero oye, que yo mi casa la veo normal. La veo normal antes de irme a dormir, es verdad que me sirve un vaso de agua cuando yo he ido a por una cerveza pero por lo demás está normal. Voy a dormirme y sueño con los angelitos que dan vueltas sobre mi cuarto de baño. Al despertarme, cómo no, me dirijo a la cocina, pero por más que camino el pasillo parece no acortarse, y ando y ando y no llego y dirás ¡qué cosas! Pues qué cosas, sí, pero la cocina no llega, o no llego yo a ella o el pasillo no termina, pero qué cansancio, chico, cuando al final llego estoy reventado, teniendo que apoyar las manos en las rodillas con el corazón desbocado. Ya no me apetece desayunar ni fuerte ni ligero, pero mi cocina diligente me sirve un vaso de agua. Luego, a la vuelta del trabajo, ya me ha vuelto a entrar el hambre y traigo bollería como para parar un tren (y comérmelo después). Llegó a casa, apoyo la comida en la encimera y me voy a lavar las manos. De la que vuelvo veo solo una fila columna de humo donde antes estaban los alimentos y en el ambiente parece verse a la cocina sonriendo como pidiendo disculpas. La siguiente vez que traigo chucherías las escondo por toda la casa, bajo mesas, cojones, colchas, cajones y toallas, pero cuando voy a echarles mano me encuentro en su lugar insultantes piezas de fruta. Seré gordo, pero no tonto, me voy a tener que cambiar de casa, aunque el estrés de la mudanza me deje en los huesos.

Y esta es la historia de la casa en cuestión. Yo me mudé, claro, pero la casa la compraron otras personas que no sabían nada del contrato ni de cómo rescindirlo, así que imagínate que pesadilla cuando se estuvieran dando un baño y la bañera se convirtiese en una piscina para hacerles nadar, o que en la cama boca arriba te apareciese una inmensa pesa que tener que levantar.

Publicado la semana 33. 22/08/2021
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