06
Don_Diego

En las Profundidades de lo Desconocido.

El extraño evento duró lo que un instante tiende a durar.

En una antigua mansión, muy alejada de la urbe, apareció, O pareció, hubo el estallido de un pequeño Sol. Cegadores haces de luz blanca del interior de la casa salieron disparados por todas partes. Ventanas, puertas, y por cada una de las fisuras de las desvencijadas paredes de la misma.

Cinco minutos antes.

Las sombras se habían esfumado. Ningún recoveco quedo sin ser imbuido por luz de los reflectores, bombillas incandescentes, y o lámparas de alto rendimiento que trabajaban a su máxima potencia.

En un espacioso cuarto blanco, iluminado y vacío, Eduard yacía en una de sus esquinas, aferrándose a sí mismo, del mismo modo en que lo haría un niño abusado. Desnudo, temblando, se balanceaba de atrás hacia adelante mientras mascullaba las siguientes palabras: No debo dormir, no debo dormir, no debo dormir, no debo…

Entre la uña y la carne de sus nudosos dedos sucios, piel y vello arrancado de los antebrazos. Sus ojos sumidos, y en extremo abiertos, dejaban al descubierto como sus pupilas se estremecían, achicando y agrandando de manera tan frenética que causaba escalofríos sólo de mirarlas. Llevaba ya cinco días sin dormir y sin comer. Su pánico a la oscuridad era tal, que se arrancó lo parpados para evitar quedarse a oscuras.

Un par de meses atrás.

No cabía en sí mismo por la felicidad. Cuando ganó la Lotería Nacional, sintió que podía llegar del suelo a la Luna de un salto. Sí, fue completamente feliz, por un par de semanas, pero luego, como es frecuente en estos casos, sobrevinieron las molestias. Las solicitudes de sus familiares pidiendo un préstamo llegaron a ser insoportables. Resultaba que, al cabo de un par de días, medio mundo sabía quién había sido el afortunado ganador. Y como en una mala novela de cuarta, le salió una nueva y desconocida familia hasta por debajo de las piedras. Algunos lo llamaron por teléfono argumentado jovialmente querer quedar con él, por un asunto de suma ¨importancia¨: ¡Mi querido tío! ¿Cómo has estado? Quisiera saber, sino es mucha molestia, si pudieses hacerme un pequeño, pequeñísimo… ¡Hermano del alma! ¡Ni te imaginas cuánto te he extrañado! Me he enterado de que le has pegado al gordo y… quería saber, si tal vez puedas ayudarme con un proyecto de unos cuantos miles de… ¡Hola, guapo! ¿Te acuerdas de mí? Soy yo, tu prima, Virginia, que te parece si salimos a dar una vueltecita por…. De todas las formas posibles lo llamaron, intentando sacarle algo de plata: Cuñado, primo, suegro, tío, carnal…, Pa-pá.

Él era estéril…

Antes de pitar y de desbordar el agua hirviendo de la Hoya Express en la que se había convertido su paciencia, decidió ir a pasar unas bien merecidas vacaciones lejos de todo ruido y disgusto. Tomó su automóvil, lanzó su celular por la ventana como si fuese pestilente basura, y sin un rumbo fijo, comenzó a conducir por donde la carretera le llevara. Manejó por 3 días por caminos aleatorios, hasta que cayó en cuenta que había viajado por cerca de 2 estados lejos de casa. Mientras viajaba se perdió. Como era de esperar, hasta que encontró una terracería que lo llevó a una antigua casona. Al observar el letrero de venta clavado frente la casa, no pudo resistirse las ganas de comprarla. Le llevó un mes y medio arreglar la deteriorada edificación, pero valió la pena todo el costo y esfuerzo invertido. Tenía planeado vivir ahí un año sabático. Así que, mientras el tiempo trascurriese, y las turbulentas aguas se calmasen, arreglaría su nuevo hogar de la mejor manera posible.

En su afán de dejar impecable su nueva morada, revisó y arregló él mismo todos los desperfectos del interior. Hasta que se topó con una vieja pared hueca, abajo en el sótano. Golpeó y tiró piedra y cemento del muro como un poseso. Pues necesitaba con urgencia descargar la energía acumulada de los últimos días de no hacer nada, y esto, fue más que placentero. hasta que, de repente, el muro cedió, y al hacerlo, se desveló lo que yacía del otro lado. Escalones de piedra en descenso que desaparecían en una profunda e insondable oscuridad. En su asombro y ensimismes, al contemplar tal curiosidad, su loca mente le hizo imaginar qué tal escalera conduciría a una enorme caverna subterránea poblada por reptilianos, o tal vez, conectaban con alguna antigua ruina Atlante. Los peldaños se veían extremadamente viejos, pero bastante sólidos. La reciente entrada despedía un fuerte olor a humedad la cual comparó con la de un desahogue, había un sucio y pálido moho creciendo en los bordes, y corría a ras de suelo, un friísimo aire sórdido, que provocaba que se le congelaran los dedos de los pies. A Eduard, la idea de ir a echar un vistazo le paso por la cabeza, pero decidió mejor no hacerlo. No vaya a ser que al bajar resbalé y se rompa el cuello. Estaba ya muy entrada la noche cuando hizo el descubrimiento, así que, su hallazgo se lo daría a conocer a sus familiares; reales, amigos y autoridades al día siguiente. No fuera a ser que haya encontrado la guarida de algún psicópata, y haya cuerpos de niños enterrados ahí abajo. No quería que le dijeran que había ensuciado la escena del crimen sólo por no haberse aguantado las ganas de echar una mirada. Cubrió la entrada con tablas de madera sobrepuestas y se fue a dormir.

Al día siguiente. A primera hora del día, se subió al auto. Lo arrancó y lo apagó, luego, lo volvió arrancar, y lo volvió a apagar. Tal vez, solo tal vez, se dijo, sea mejor ir a darle una miradita… Sólo una chiquita. Así establecida su decisión, bajó del auto, y con prisa, volvió dentro de la casa. Se asió con sencilla lampara de mano y se fue a dar un vistazo al interior de aquella tenebrosa fisura que, parecía más a las fauces malformadas de un demonio primordial que al de una entrada. Si iba a encontrar algo de valor o algo escabroso, quería ser el primero en presenciarlo. Nunca se sabe que se puede uno encontrar en estos casos, se convenció.

La luz de la linterna barría la superficie húmeda de la escalera de piedra al ir bajando, y al tratar de iluminar la lejanía, en las profundidades de las tinieblas, la oscuridad engullía sus rayos sin dejar rastro.  Nunca imaginó que el lugar recién comprado poseyera un nivel tan profundo como para no alcanzar a ver el fondo. ¿Qué podría aguardar al final de la escalinata? ¿El frio núcleo del mundo? Prontamente la luz del sótano quedo atrás, y él, se vio solo hondando en las profundidades. ¿Cuánto había descendido? No lo sabía con exactitud, pero especuló que ya llevaba recorridos al menos 20 metros. Al alcanzar los 30, se dijo: Esta es una estupidez, estoy realizando una verdadera estupidez. Se giró hacia atrás y decidió volver. Pero para su sorpresa, notó que no había lugar al cual regresar. Detrás de él no había nada. Los escalones terminaban justo a tres peldaños arriba del que estaba pisando. Alumbró rápidamente de izquierda a derecha, pero no encontró más que un completo y silencioso vacío, bajo de él un abismo inescrutable que, en su miedo, lo asemejó a la garganta de una criatura abismal. Completamente confundido y alarmado, como si hubiese caído en una pesadilla infernal, se quedó paralizado y aterrado, sin saber que hacer. Sintió en la espalda un frio toque de muerte, por lo que se volvió, apunto a todos lados de forma febril la luz de la lampara, más, no encontró nada. Rápidamente su miedo se le atiborro en la garganta y lo tragó, le dolió el trago, pero su agitada respiración lo asistió.

—Cálmate, cálmate. Esto no está sucediendo, no puede estar sucediendo.

Sin ningún otro lugar al cual avanzar, más que el de continuar descendiendo, no tuvo más remedio que resignarse y hacerlo. Cuando dio el siguiente paso, inconscientemente sonrió, y lo notó. Tuvo la idea de que el anterior acto, fue un acto involuntario debido a la ansiedad y la incertidumbre provocada por tal inesperado y extraño suceso. Mas no fue así… Al cabo de un par de minutos lo supo, pues lo volvió a hacer, solo que, en esta ocasión, fue más notoria la sonrisa. Los músculos de su cara se movían repentinamente por voluntad propia, intentando volver a mostrar una vez más la sonrisa; torcida y antinatural. Se frotó la cara con su sudorosa mano temblante, e intentando deshacer los molestos músculos contraídos que, con el pasar del tiempo, volvían a tensarse. Media hora después. Estaba llorando… Había perdido la capacidad de controlar su cuerpo. Caminaba por voluntad ajena a él. Su retorcido y espantoso rostro le dolía. Las lágrimas le escurrían por las mejillas y se colaban por las esquinas de sus labios, labios que formaban una horrenda sonrisa malsana que temblaba.

Por fin se veía el final del camino, pero aquello no lo reconforto, todo lo contrario, lo aterrorizó de muerte. Ya que cuando alcanzó el final... ¨Eso¨ Eso lo esperaba, Eso de un tamaño y forma inconcebibles por la mente humana le guardaba. Con la poca capacidad de la lampara, logró iluminar una pequeña parte de aquella entidad, más le fue suficiente para querer morir por el espanto. No existe en el lenguaje humano un calificativo o siquiera una palabra para describir lo que él vio. La entidad frente a él se dobló y le habló, O, mejor dicho, creyó que le habló. Sin embargo, no fue así, y aun así, le entendió. La profunda, hueca, remota, inhumana y sobrenatural voz, le dijo:

—Me has despertado de mi largo letargo, insolente criatura inferior. ¿Acaso, no comprendes quién soy?

Eduard no consiguió reunir el valor suficiente para contestar, y aunque lo hubiese conseguido, no podría haber contestado...

—Yo soy el sueño lucido, yo soy el demonio de los mil rostros, soy principio del fin, la sombra que eclipsara al sol, la campana que tañera por tu muerte, ¡Soy! la encarnación de lo indescriptible…. Contempla, necio, la visión del final de los tuyos, y desespera…

La luz de la lampara parpadeo, luego, falló por completo, se quedó en la completa oscuridad, con el corazón a punto de reventarle, y el alma a nada de escapársele del cuerpo, pues entendía que, en aquella absoluta oscuridad, habitaba un ser imposible de creer, que le había hablado sin usar boca o sonido, para decirle lo inaudito. Inmediatamente después, la mente se le llenó de horribles y crudas imágenes grotescas, de calamidades, catástrofes, y terrores inenarrables acompañadas con un coro de infernales lamentos, de desgarradores alaridos tan dolorosos y desencarnados que le produjeron enseguida violentas y espantosas convulsiones. No logrando soportar la terrible carga mental, sus ojos se fueron hacia atrás, perdiendo así toda noción de sí mismo…

Al abrir los ojos se dio cuenta de que estaba parado frente a un muro completamente sólido, abajo en su sótano, con la lampara funcionando en mano. Cayó en cuanta de repente por lo que paso y salió corriendo de ahí como si de ello dependiera su vida. Al llegar arriba, en la primera planta, notó que era de noche. Parpadeo, incrédulo, y al hacerlo, se espeluznó. Volvió a parpadear, y volvió a espeluznarse. Podía ver la silueta borrosa de aquella cosa cada vez que pestañeaba, esta criatura del demonio le sonreía, sus innumerables caras de ojos vacíos como negros pozos sin fondo y repletas de dientes de piraña gesticulaban su nombre lenta y concienzudamente.

Eduard… Eduard… E-d-u-a-r-dddd….

Lamentablemente, a Eduard, nadie le dijo que, inevitablemente al pararse frente a una luz se crea una sombra, y, que entre más intensa sea esa luz más oscura es la sombra… Cinco días y cinco minutos después. El generador inexplicablemente comenzó a trabajar más rápido, generando con ello una sobrecarga. Todas las luces de la cabaña intensificaron su radiancia al máximo, y al cabo de un instante explotaron, dejando al aterrado Eduard, en la completa y absoluta oscuridad, pero, afortunada o desafortunadamente para él, no solo…

Dicen los científicos que por el vasto mundo existen portales que llevan a otras dimensiones, que conectan con otros planos existenciales, y que, mientras los científicos especulan, los sabios buscan interpretar los sueños, las visiones y las premoniciones. Todo esto pasa, mientras nosotros, los Dioses Antiguos, nos reímos a carcajadas…

Publicado la semana 6. 12/02/2021
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