09
Don_Diego

Macabro, Sórdido, Infernal

Las palmas de tus manos vuelven a hormiguear... Ese apetito voraz se vuelve a manifestar. El hambre por lo prohibido se hace cada vez más grande. La ansiedad por poseer y dominar ahora es insoportable.

Han pasado varios días, demasiados, dirías tú, por lo que la maldita abstinencia no hace más que crecer en tu interior, inflamándose, carcomiéndote, agusanándote. Morderte las uñas hasta la carne y presionar esas estúpidas pequeñas bolas de goma antiestrés, al grado de casi reventarlas, ya no brindan ningún tipo de satisfacción. Ahora, arrancarte mechones de cabello de la nuca y hacerte cortes en la piel alivia un poco tu constante exasperación. Pero no es suficiente, casi nada lo es.

Las vísceras, los huesos y las pieles de animales no bastan, no sirven para saciar tus impulsos. Tienes, quieres, necesitas; ir a por algo más grande, a por una mejor y más apetitosa presa, digna de ti. De sólo pensarlo, de solo imaginarlo, te estremeces, y tu cuero cabelludo cosquillea. El calor sube, tu pulso aumenta, sientes como tu sangre se agita por dentro.

Es urgente, es imperante. Hay que ir a salir a cazar ¡YA!

Mientras haces los preparativos, te es inevitable recordar, vagamente, la palidez y el frío de aquel frágil ser que sostenías en brazos mientras te empapaba agua helada. Viene a tu memoria la bañera, la herida abierta, el filo de una navaja, el tacto de su cabello mojado entre tus dedos, el fluir de las delgadas venas de agua surcando su esbelto cuerpo, y el morado intenso en sus labios. Lamentablemente, de eso hace mucho, y que poco a poco, tal bella evocación de recuerdos se va desvaneciendo en el olvido. Lentamente, la imagen suya en tu cabeza se ha ido deteriorando con el tiempo, dejando tras de sí, solo vagas sombras grises de lo que alguna vez fue un encuentro único. Afortunadamente, guardas, de esos momentos especiales, varias fotos, grabaciones y filmes, que, tienen si no, un valor incalculable.

Oh, sí, es incuestionable tu adicción, de oler sus fluidos al derrumbarse, de oír sus quejidos al quebrarse, y de ver sus últimos suspiros previos a la muerte. Tu mayor goce, tu mayor deleite... verlos a los ojos, suplicando misericordia, y recibiendo de ti, solamente una mirada glacial, mientras lentamente el brillo en sus pupilas se va desvaneciendo, hasta desaparecer por completo.

Nuevamente, esa expresión grotesca, retorcida y maligna se materializan en tu rostro. La anticipación de saber que hoy es día de caza te deja fascinado, y sumamente excitado... Y es precisamente por ello, que debes esconderlo. Que nadie se haga ni la más mínima idea de lo que pasa por tu mente. Que nadie note que bajo la piel de una inocente oveja se esconde una vil bestia.

Mientras conduces rememoras sus rostros. Esas ultimas expresiones suyas de saber que van a morir… es... escalofriante, revigorizaste, y abrumador. Sencillamente, no puedes evitar lamer tus labios antes de tragar saliva.

Sientes como el fuego en tu alma se expande alrededor, como tu entrepierna se inflama y clama.

Fue cerca dos horas cuando de improvisto te topaste con un excelente candidato. Espléndidamente ingenuo. Un rostro nada despreciable en llanto, una completa ganga esperando ser tomada. ¿Quién iba a imaginar que cerca de las afueras de la cuidad un humilde animalito despechado estaría pidiendo aventón justo en medio de un fuerte aguacero? Nadie, ni siquiera tú en tus sueños más retorcidos. Desear más en la vida debería considerarse un pecado imperdonable, ¿verdad? Gracias, gracias dices, a quien corresponda.

Ni supo cuando cayó en los brazos de Morfeo. Realmente tonta esta criaturita. Aceptarte una bebida caliente para que entrara en calor… ¡jajaja! Vaya idiotez. Casi ni lo crees. Pero se lo merece por tal descuido. Sí es que en este mundo no se debe confiar en nada, ni nadie. Sin duda, hasta ahora esta ha sido la que más fácil ha caído en tus redes.

Una vez en casa, te tomaste todo el tiempo del mundo para profanar y estudiar a fondo su anatomía. Para saciar tu sed de brutalidad no te contuviste… Ahora, tendida ahí en la plancha, después de satisfacerte carnalmente, la abriste de arriba a abajo como si fuese una sardina, y recorriste con tus sucias manos el interior de sus entrañas… ¡Cuán embriagadora emoción fue que, al introducirte en su interior, descubriste que seguían en funcionamiento sus órganos! ¡Cuán sobrecogedora sensación fue la de arrancarle con la mano su corazón para pegarle un mordisco! Oh, sí. La sangre espesa, tibia y pegajosa discurrió por tu boca y cuello, por tu pecho y vientre, pasó por tus piernas y al fin llego al suelo. Levantaste el órgano vital sobre tu cabeza y exprimes con fuerza. Aun palpitando, te bañaste con gozo, te cubres de intenso rojo. Realizaste una vez más tu bautizo sórdido.

Una experiencia fuera de este mundo.

Colgado de un gancho, con los pies arriba y cabeza abajo, dejaste que la sangre restante se drenase, y esperaste pacientemente a un costado, leyendo el mejor de tus libros, mientras te decidías a ti mismo, cual de todas estas magnificas ilustraciones plasmadas en papel de cera deberías llevar a cabo en esta agradable noche de Luna Roja.

Sin molestia ni ansiedad pasabas hoja tras hoja, releías el libro una y otra vez esperando no saltarte nada, hasta que, al fin, después de unas cuantas horas, respiras hondo y exhalas alargado. Cierras el libro y dices con una sonrisa de dientes: La carne esta lista para ser preparada.

 

Fin.

Publicado la semana 9. 06/03/2021
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