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Enrique Palomo

El naufragio de los necios

EL NAUFRAGIO DE LOS NECIOS

 

Disfrutábamos de unos mojitos y unas caipiriñas en la cubierta del barco. Todos los asistentes llevábamos el atuendo blanco que exigía la etiqueta. Las luces multicolores nos llenaban de buenos presagios y la fiesta se hacía presente en cada corrillo, donde las risas, las bromas y los comentarios desenfadados eclipsaban los nubarrones de aquel atardecer.

De pronto, la megafonía del barco anunció un aviso urgente. Todos nos extrañamos, ya que hacía unos minutos que el capitán Fuentebrío había inaugurado oficialmente la fiesta, e incluso nos habíamos hecho una foto con él. ¿Qué nos querrían decir? Aunque nadie se pronunciaba, todos nos figurábamos alguna sorpresa; en un lugar como el <<Fastuoso>> no cabía esperar algo que no fuera bueno.

– <<Estimados pasajeros, les habla el oficial Osorio. Debido a las malas previsiones meteorológicas de las próximas horas, que incluyen vientos fuertes y olas de gran altura, nos obligamos a pedirles que vayan a la cubierta tres para ponerse sus chalecos salvavidas y ser evacuados en nuestros botes a Porto Fiz, que es el puerto más cercano. Les rogamos mantengan la calma y sigan las indicaciones de nuestra tripulación>>.

Todos nos miramos sin dar crédito. ¿Era todo aquello una broma?, ¿cómo una nave como aquella podía verse amenazada por una simple tormenta? Entonces en un punto de la cubierta alguien comenzó a abuchear al oficial Osorio e, inmediatamente, las protestas se generalizaron. 

- <<¡No nos vamos de aquí! ¡Dejadnos disfrutar en libertad de nuestro crucero!>> decían unos.

- <<¡Tenemos derecho a esta fiesta! ¿Acaso no hemos pagado nuestro pasaje?>> decían otros.

- <<¡Qué hable el capitán! ¡Él conoce mejor que tú nuestras emociones! ¡Aguafiestas!>> gritaba alguien a mis espaldas originando una ovación.

-<<¡Qué venga el capitán Fuentebrío!>> comenzaron a corear.

Para no ser menos, envalentonado por la muchedumbre y poseído por un sentimiento de entusiasmo fervoroso, grité:

-<<¡No te vamos a hacer caso! ¡De aquí no se mueve nadie! ¡Qué siga la fiesta y no pare nunca!>>

Y arranqué más aplausos al tiempo que sonó la música disco y todos comenzamos a bailar.

Mientras me movía divertido entre mis amigos, sintiendo los primeros efectos de la alegría y desinhibición del alcohol, miré al cielo: estaba negro y parecía que comenzaba a llover. Pero esa noche podría con todo: tenía veintitrés años, había acabado mis estudios universitarios y estaba en la cima del <<Fastuoso>>, el lugar al que todos querían ir, navegando sobre un mar de ensueño. Me reía de forma compulsiva y estrepitosa, sin pensar por qué lo hacía; supongo que aún no era feliz, tal vez nunca lo sería, pero quería mostrar alegría ante un futuro que se mostraba incierto más allá del viaje de fin de carrera.

El mensaje del oficial Osorio me pareció de mal gusto, estaba en desacuerdo con él y, como no podía ser menos, no quería escuchar todo aquello que no compartía. ¿Cómo se atrevía a arruinar nuestro viaje por una noche de tormenta?

Pasados unos minutos, comenzaron a llegar diferentes miembros de la tripulación para desalojarnos de la cubierta. Me llamó la atención que estaban empapados y sus rostros reflejaban tensión y miedo, pero todos los allí presentes les arrinconamos mientras bailábamos a su alrededor con desenfreno. Llegó un momento en que los cogimos en volandas y los arrojamos por la borda entre vítores mientras la música sonaba con más intensidad aún y se oían gritos enfervorecidos: 

-<<¡Fuera todos aquellos que no nos dicen lo que queremos oír>>.

-<<¡Al mar con los que traen mal noticias!>>.

-<<¡Dejadnos al menos parecer libres y felices>>.

Hubo un momento en que la lluvia se convirtió en un diluvio y la brisa se transformó en un viento que azotaba nuestras camisas vaporosas y nos dejaba helados. Para entonces ya notábamos que el barco se tambaleaba con violencia y las risas se mezclaron con los gritos. Me asomé por la barandilla y vi cómo la cubierta inferior era barrida por olas gigantescas. Pero todo ello me pareció más emocionante que temible, como si fuera la montaña rusa más espeluznante del parque de atracciones; así que me agarré fuerte mientras daba carcajadas histéricas pensando que en un momento todo pararía y volvería a la calma.

Entonces alguien desde el otro lado de la cubierta dijo desencajado que el mar había partido el barco y, en efecto, una imponente vía de agua se abría paso mientras la proa del <<Fastuoso>> comenzaba a sumergirse. Echamos a correr camino de la cubierta número tres, pero ya estaba bajo las aguas y no se podía tener acceso a los botes. En ese momento tuve la convicción de que todo estaba perdido, pero me sentí orgulloso de mi decisión y grité para que todos me oyeran:

-<<¡Bien por nosotros, que hemos preferido celebrar que sobrevivir!>> y se oyeron algunos aplausos que al instante fueron acallados por una corriente de agua que nos sumergió definitivamente a todos. 

 

Publicado la semana 24. 18/06/2021
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