10
Freddy Auqui Calle

Pesqué el virus

—No sabía que eras sonámbulo, me dijo Tefa, mientras desayunábamos.

—¡Sonámbulo yo! no lo creo, le contesté con toda seguridad.

Tefa sirvió más café, y entonces me contó me había despertado en mitad de la noche, sentado en la cama, y empezado a articular una serie de frases sin sentido y a dar palmaditas sobre mis muslos desnudos.  

—Luego volviste a quedarte dormido, dijo.

Aquella conducta según puedo recordar, con distintos matices, se hubo reproducido durante unos cuatro días. Luego sobrevinieron los delirios.

Recuerdo que de un momento a otro entraron a nuestra habitación unos señores vestidos con trajes blancos. Parecía un sueño, pero yo sabía que estaba en mi habitación, en mi casa, junto con mi amada esposa y a mis libros. Recuerdo que estos señores de trajes blancos y máscaras trasparentes, ayudándose de mi mujer, me sometieron. Veo entre sueños cómo me ingresan a una combi blanca, con una cruz roja sobre su puerta trasera.

En el trayecto, vi y sentí que Tefa iba a mi lado.

—Los 52 golpes, le dije; pero no me hizo caso. Le apreté con fuerza la mano y volví a decir. ¡Los 52 golpes! Su mirada se cruzó con la mía y me acarició la mejilla. La clave de los 52 golpes esta anotada en el libro de Borges que está en mi escritorio, en la primera página del cuento la biblioteca de babel.  Cuando Junior tenga edad para escribir cuentos ofréceles esa información. Es lo único que puedo heredarlo. Dile que aquella clave debe heredar a su primer hijo. Y así sucesivamente, a los hijos de sus hijos y de sus hijos. 

Ahora soy la burla de Tefa… pero admito que debió estar muy asustada. He pasado 17 días entubado en el hospital del IESS. Los 40 grados de temperatura y la falta de oxígeno me jugaron una mala pasada.

Estoy listo para volver a los 52 golpes.

No tengo hijos. 

   

 

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 10. 10/03/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
I
Semana
10
Ranking
0 232 0