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Freddy Auqui Calle

Amistad secreta

Nadie sabe lo de nadie. La realidad es la realidad y punto. El centro de esta ciudad está plagado de miseria. Y de ingenio.

Entrada la noche Don Antonio vende caramelos y cigarrillos en la esquina de la plaza de Santo Domingo, junto a la entrada a la Ronda. Por la mañana mendiga en un costado de la Plaza de la Independencia, en la puerta del Banco Pichincha. Esas son sus dos estrategias de sobrevivencia. Con lo de las limosnas compra la mercadería y así sucesivamente.

Don Antonio es de esa vieja clase de hombres de pocas palabras. Se planta con su caballete de cigarrillos y no le hace falta ofrecer a gritos su producto como los vulgares vendedores. Se ubica donde lo necesitan. La gente llega a la Ronda a divertirse y al bajarse de los taxis o del trolebús y sentir el frio de la noche, tiene a mano sus caramelos y cigarrillos.

Por la mañana, a eso de las nueve, cuando la gente hace fila en la puerta del Banco, don Antonio se ubica en un costado de la calle. La misma silla que usa para sentarse cuando vende los caramelos, ahora la usa para apoyar sus codos y pedir limosna. No emite palabra como los mendigos comunes. Llega al sitio indicado, dobla un trapo para hincarse, saca de su maleta un recipiente de latón, y con las dos manos lo estira al unísono.

La necesidad es la madre de todo ingenio. A veces le compro un cigarrillo y un par de mentas, a veces le doy una limosna.

Publicado la semana 31. 07/08/2021
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Género
No ficción
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I
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