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Lucía Belvis

POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS

        El cierre de una puerta no tiene por qué significar la apertura de una ventana. Numerosas veces te quedas solo y abandonado en una habitación oscura, sin ningún lugar por el que puedas salir, así que debes crear tu propio punto de fuga sin que te importe la lluvia de rocas.

            Que un pájaro vuele no tiene por qué simbolizar su libertad. En muchas ocasiones vuela porque debe huir.

            Yo soy esa ave que nunca debió escapar de su jaula, porque en el fondo, volar es una enfermedad, algo incurable que no se puede parar. Si no me hubieses tendido tu mano aquel día, entonces mi imperio no hubiese caído.

            Tus ojos me absorbieron más allá de tu horizonte de sucesos, y tu gravedad me rompió en mil fragmentos incandescentes.

            Si esa mañana los naranjos no hubiesen estado en flor, el aroma embriagante y misterioso no me habría confundido.

            Tu sonrisa quizá seguiría intacta, y yo seguiría segura en mi jaula.

            Aunque el mundo sea cruel y no haya tiempo, aunque nos robaron lo que no se debía arrebatar y nos dejaron la mente desnuda y los pies sangrantes, te buscaré.

            Si todo esto es un sueño y la vida es el humo vaporoso que hay más allá, entonces te buscaré allí, entre la madeja de esperanzas y desgracias que da paso a la realidad.

            Si ese día el mundo no hubiese sido tan brillante, entonces tu piel no se habría fosilizado, y tus ojos seguirían abriéndome un portal a lo que hay más allá.

            ¡Maldito sea ese día, que me hace no poder olvidarte! No puedo evitar recordar el peso de tu mano sobre la mía y la melodía de tu lira interior.

            Mientras la primavera se acaba y el calor sofocante me atrapa en su epicentro, los espejismos me recuerdan tu partida.

            Por los siglos de los siglos caminaré para encontrarte, aunque sólo sea una pequeña parte de ti, un gesto, una mirada o una sonrisa me bastan. El timbre de una voz o el roce de unos de dedos también me servirían.

            Por los siglos de los siglos caminaré para volver a estar contigo, aunque llegue exhausta y dolorida a mi destino.

            Por los siglos de los siglos vagaré si es necesario, sólo para que nos podamos despedir adecuadamente, para que el telón pueda cerrarse y todos estemos satisfechos. Para que yo pueda saltar al siguiente capítulo y comprender la historia que hay escrita en él. Para que un mero juego de luces en el espejo no me haga verte de nuevo.

            Mientras que las estrellas caen a mis pies, envenenadas con mi dolor y mi impaciencia, tu cada vez asciendes más hacia ese universo que no puedo alcanzar.

            Por los siglos de los siglos seguiré tu estela, porque tú eres de lo que están hechas mis fantasías.

            Por los siglos de los siglos te buscaré entre la gente, ya que no puedo creer que me hayas abandonado y no sea capaz de superarte.

            Por los siglos de los siglos investigaré un modo de vengarme por el horrible rapto de tu risa, tu luz y tu reloj.

            ¿Cómo has podido, vida, arrebatarme a lo único que podía mantenerme en pie?

            ¿Cómo has podido, Gea, atraer a tu seno demasiado pronto a tu ser más fiel?

            ¿Cómo has podido, Tierra mía, seguir girando a pesar de que ya no tiene sentido la existencia?

            ¿Cómo has podido, argéntea Luna, seguir reflejando la luz del sol como un cristal cuando el universo entero merece la penumbra?

            ¿Cómo pudiste, dorado galán, seguir brillando como si nada importase?

            ¿Por qué todo sigue igual cuando todo ha cambiado?

            ¿Por qué el río sigue fluyendo si la sangre ha llegado a él?

            ¿Por qué las flores siguen germinando cuando ya no tienen a quién mostrarle su belleza?

            ¿Por qué los días siguen pasando si la vida quema?

            Por los siglos de los siglos me preguntaré por qué te marchaste, para llegar eternamente a la misma conclusión.

            Te fuiste porque todo lo que se comparaba contigo era frío, mundano, carente de belleza o personalidad.

            Te fuiste porque el universo estaba celoso de tu grandeza.

            Tu fuiste porque los astros te requerían a su lado.

            Por los siglos de los siglos vagaré, hambrienta y sedienta de algo que nunca fui digna de tener, buscando el consuelo entre las ramas de un árbol muerto que hace tiempo dejó de servir de cobijo a las aves como yo.

            Por los siglos de los siglos te amaré, aunque me duela, porque lo que una vez se amó, cicatrices deja a su partida.

Publicado la semana 13. 29/03/2021
Etiquetas
Amor
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