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Lucía Belvis

A UN SALTO DEL CIELO

            Hoy he vuelto aquí, a través de este teclado y estás jóvenes y capaces manos para despedirme de todos vosotros.

            Mi amor, lo nuestro no se ha acabado. Nuestro amor es tan fuerte y puro que traspasará las barreras de lo imposible y lo incomprensible para que mis brazos vuelvan a abrazarte una vez más, esta vez con una energía renovada, sin todo el cansancio de las risas y los llantos de una vida. Besaré tus ojos y, si lloras, secaré tus lágrimas, acariciando con mis labios el lugar que recorrieron en tu hermoso y agrietado rostro.

            Puede que me vaya antes, pero eso no quiere decir que te olvide, ni a ti ni a todo lo que representas y has representado para mí.

            Me llevo en el corazón todas y cada una de tus sonrisas, que son la verdadera luz de este mundo, que hacen que la tierra siga girando y que las estrellas nazcan para alumbrar la oscuridad de este universo.

            En mi mente se han quedado grabadas a fuego todas tus palabras, que me hacían enamorarme cada día más, deseando que cada instante se extendiese hasta los confines más remotos del espacio, sin encontrar ningún final, permitiéndonos perdurar para siempre en nuestro pequeño pedazo de realidad.

            Mi piel recuerda todas esas caricias que me has dado, y cada vez que me sienta solo o tenga frío, pasaré las yemas de mis dedos por cada poro que las tuyas tocaron, haciendo que estemos unidos aún más por ese hilo invisible que va más allá de la piel.

            Hijos míos, os ruego que no lloréis, deseo que os riais desde lo más profundo de vuestro corazón, recordando todas las cosas buenas que os enseñé, todos los momentos felices que pasamos juntos, los abrazos que nos dimos…

            Aún recuerdo cuando erais unos retoños inocentes que me miraban como si fuese el mayor héroe que haya pisado la tierra, vuestros juegos y vuestras risas infantiles.

            Veros crecer día a día ha sido el mayor regalo que me ha dado esta vida, aunque también ha sido un poco triste, ya que por mucho que crecieseis, yo seguía recordando los ojos de los niños que un día fuisteis. Sin embrago, no me arrepiento de nada, porque os habéis convertido en la mejor versión de vosotros mismos, en unos hombres fascinantes de los que puedo estar muy orgulloso.

            Dejo este mundo sabiendo que es un lugar mejor gracias a que vosotros estáis en él, trabajando y haciendo sonreír a otras personas, justo como a mí me gustaba que hicieseis.

            Mis nietos, lo mejor de mi vida, pureza máxima.

            Viví por vuestras hermosas sonrisas y por ver vuestros sueños cumplidos. Estoy un poco triste, porque no veré cumplirse todos ellos, pero sé que lograréis grandes cosas, porque el mundo es vuestro.

            ¡Cuánto echaré de menos poder abrazaros! Tendré que conformarme con veros desde la lejanía tan cercana en la que estaré, buscando que sintáis el roce de mis dedos y que veáis la sonrisa que se forma en mi rostro al veros.

            Sois muy importantes para mí, os amo, no lo olvidéis nunca.

            Mis queridos amigos y amigas, ¿qué puedo decir de vosotros?

            Hemos pasado por tanto juntos. ¡Mirad en lo que se han convertido nuestros hijos e hijas! ¿No se os hincha el pecho de orgullo solo de mirar los hogares que han creado y los pequeños a los que estás criando?

            Nunca olvidaré las tardes de risa, buena comida y bebida junto a vosotros. Me voy antes que vosotros, pero mi asiento nunca estará vacío. Llenad una copa en mi honor y brindad con ella, porque yo estaré allí, alzando un vaso invisible hacia vosotros, alejando a los malos espíritus y animando vuestras veladas.

            Yo me voy hoy, pero nunca moriré. Simplemente mi cuerpo no pudo soportar mi enorme corazón por mucho tiempo más, y al final tuve que transformarme en aire, para ser más ligero.

            Dejo atrás a muchos amigos queridos, a mi preciosa familia y a muchos recuerdos que nunca se desvanecerán.

            En la tranquilidad de este lugar, tendré mucho tiempo para recordar y esperar el momento en el que nos volvamos a ver de nuevo, en el que mis manos puedan volver a rozaros y nuestros corazones puedan cantar de nuevo en la misma frecuencia.

            Hoy me voy yo, pero nunca moriré, ya que sé que vais a recordarme siempre, y por eso por siempre estaré.

            Un abrazo para todos, os quiero con locura, vivid esta vida como si fuese la última.

            Hoy no me voy, me quedo para siempre, en un rincón de tu mente, en un suspiro, en un anhelo.

            Hasta luego, mis amados, os espero aquí en el cielo, jugando al dominó.

            Todos los que me acompañasteis en este viaje, por mí no seréis olvidados.

Publicado la semana 20. 17/05/2021
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