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Lucía Belvis

PRÓLOGO: ALFREDO NO SABE AMAR

Una mujer entra en su estudio y él, antes incluso de que formule una sola palabra, ya sabe lo que quiere.

一Buenos días.

一Buenos días. ¿En qué puedo servirla?

一Venía a por…

一 ¿Una poción de amor?

一Sí, por favor.

El chico asiente y suspira. Parece ser que todo el mundo en su ciudad está deseando encontrar el amor. Él no lo entiende, piensa que ese sentimiento es algo insustancial y perecedero que solo distrae a las personas de su verdadero propósito. Tiene siempre preparadas unas pocas para cuando le llegan casos como ese. Selecciona una de la estantería y se la tiende a la mujer.

一 ¿No vas a preguntar?

一No me interesa. Son tres monedas de oro.

Ella le paga y luego se va, sonriendo. Al chico siempre le ha parecido curioso el modo que tenía la gente de sonreír. lo hacía por cosas intrascendentes y estúpidas, que nada tienen que ver con el conocimiento. Él nunca sonreía, ni se emocionaba por cosas terrenales. A él solo le interesa el enriquecimiento espiritual e intelectual. Vuelve a inclinarse sobre su mesa y continúa trabajando hasta que la luna comienza a cantar.

一Alfredo.

Su jefa entra en su estudio y rompe la calma acumulada.

一Diga, señora.

一 ¿Podrías hacerme un favor?

Los peores eventos vienen precedidos por estas palabras.

一Ummmmmmm.

一 ¿Sabes quién es Álvaro?

一Sí, el vago que se pasa todo el día borracho.

Al escuchar el nombre de Álvaro algo se rompe en el interior de Alfredo.

一Verás, necesitamos que alguien vaya a buscarlo, ¿podrías ser tú esa persona?

Alfredo entorna los ojos, molesto.

一Venga, míralo como una oportunidad para estudiar el comportamiento de un borracho. ¿Qué te parece?

Alfredo sopesa la idea durante unos minutos hasta que asiente. Es una buena oportunidad.

一Acepto.

一 ¡Mil gracias, me salvas la vida!

Su jefa le sonríe y luego se va, haciendo que el silencio vuelva a caer en la sala. Alfredo se encoge de hombros y se dispone a buscar a Álvaro, aunque ya sabe exactamente dónde está.

 

一 ¿Alfredo?

一Hola, Borja. Julieta me ha dicho que busque a Álvaro, y deduje que estaría aquí, dado que te conoce personalmente y tu taberna es la más famosa de la ciudad.

一Pues dedujiste bien, está en la esquina, junto al bardo, como una cuba.

一No entiendo por qué alguien querría nublar su juicio con alcohol. Tu capacidad intelectual queda reducida, y tus neuronas van muriendo…

一Cierto, pero al menos me estoy haciendo de oro.

Borja se encoge de hombros y sigue limpiando vasos, mientras que Alfredo suspira y se dirige hacia Álvaro, el chico de la sonrisa de fuego y los ojos de hielo.

一 ¿Jefe?

一 ¿Marla?

Marla es la subordinada de Alfredo, es una chica muy buena y alegre, aunque un tanto introvertida. Había hecho muy buenas migas con su propio subordinado, Rodolfo. Tan bien se llevaban que se besaban cuando pensaban que él no miraba. No lo entendía, pero en el fondo se alegraba de que fuesen felices.

一 ¿Qué hace aquí?

一Tengo que llevar a Álvaro de vuelta a la sede.

一 ¿Necesita ayuda?

一No, tranquila, lo tengo controlado.

Ella asiente y sonríe. Después de eso, sale de la taberna. 

Cuando llega a la esquina de la taberna, Álvaro está riéndose de sus propios chistes, completamente solo. A duras penas consiguió cargarlo en su hombro y sacarlo de allí, con la cara enrojecida por lo que él aseguraría que era el esfuerzo.

一Que tenga una buena noche 一. Se despidió Borja.

Lo lleva a su habitación, y justo antes de marcharse, lo escucha llorar.

一Padre…

Sacude la cabeza y sale de la habitación, con un mal sabor de boca y un peso en el corazón.

Su padre lo abandonó cuando era un niño, eso todo el mundo lo sabe, pero nadie nunca lo había visto hablar del tema, y mucho menos llorar por ello.

Lo conoce desde hace seis años, y sus encuentros siempre han sido breves, pero intensos. Álvaro despierta algo dentro de él, un sentimiento muy fuerte que Alfredo no sabe determinar.

Al día siguiente se dirige a su estudio como de costumbre, comienza a trabajar. Marla y Rodolfo llegan, cogen sus materiales y salen a hacer sus experimentos como cada día. Pero algo turba la paz de esa hermosa mañana.

一Hola, buenos días.

Una voz masculina, y conocida le distrae.

一Álvaro.

一Sí, esto… Julieta me ha dicho que fuiste tú el que me trajo a casa anoche. Venía a…

一No tienes que darme las gracias. No deberías beber tanto, por eso eres tan tonto.

Álvaro se queda a cuadros, no se espera esa respuesta.

一Ah, de acuerdo…

一 ¿Algo más?

一 ¿Disculpa?

一Que si tienes algo más que decirme.

Álvaro abre la boca para decir algo, pero se arrepiente y se dirige a la salida. 

一Estás muy guapo hoy, Alfredo.

La puerta se cierra con fuerza, y entonces, solo entonces, nuestro chico se permite sonrojarse levemente.

El día transcurre sin ningún percance, pero a la mañana siguiente, su peor problema aparece ante él.

一Hola.

一No te conviertas en un parásito por favor. Fuera.

Álvaro toma asiento junto a él y comienza a observarlo.

一Vete.

一No quiero.

Alfredo suspira y decide ignorarlo, pero no es fácil, ya que sus ojos de hielo lo siguen a cualquier parte a la que vaya, sin dejarle segundo alguno de tregua. Comienza a ponerse nervioso, sus manos intentan no temblar, pero es difícil. Aunque no quiera reconocerlo, hay algo sobre Álvaro que lo perturba. Hay algo en su interior que se revuelve cada vez que lo ve, pero no sabe qué, lo que lo molesta y lo hace sentir extraño. Ha hecho varios experimentos e investigaciones al respecto, pero no ha llegado a ningún resultado concluyente. Esa confusión e incomodidad que este chico le provoca es suficiente para hacer que Alfredo desee alejarse lo máximo posible de él y fingir que no sabe quién es.

一 ¿En qué trabajas?

一Es complicado, no lo entenderías.

一Prueba.

一No, gracias.

Cuando Alfredo se gira, se encuentra cara a cara con Álvaro, pero simplemente pasa a su lado, ignorándolo.

一 ¡Oh! ¡Venga! ¡Solo quiero ser tu amigo!

一Yo no quiero tener nada que ver contigo.

Álvaro suspira y mira hacia la puerta. “Por fin se va”, piensa Alfredo. Pero ese pensamiento está muy alejado de la realidad.

一Y bueno… ¿Tienes pareja, Alfredo?

一Eso es muy personal, no te incumbe.

一Pero, ¿cuál sería la respuesta?

一Ummmm… no.

Alfredo nota otra vez el calor. ¿Por qué siente que es verano cada vez que ese chico se acerca? ¿Por qué no puede pensar sobre él lo que le dice a los demás, que es un vago y un estúpido? ¿Por qué no puede estar calmado y carente de emoción cuando él está cerca?Alfredo está disgustado consigo mismo.

一Interesante, eso significa que estás libre…

一 ¿Libre?

一Claro, libre, que alguien puede… ya sabes, ligar contigo.

Álvaro sube a la mesa en la que Alfredo está trabajando  y se tumba en ella de manera teatral.

一Que no tenga una relación sentimental no significa que quiera una. Una pareja solo te distrae de lo importante y lo parcialmente invisible.

Los ojos de hielo de Álvaro se vuelven aún más gélidos. Alfredo se pregunta por qué alguien que parece tan ardiente puede estar casi congelado por dentro.

一Además, parece que estás… ausente por dentro. 

La sonrisa juguetona desaparece de la cara del chico, que mira hacia la puerta de nuevo.

一Lo siento, pero alguien debía decirte la verdad. Trabaja en ello. Puedes conseguir devolver el brillo a tus ojos resolviendo tus traumas con tu padre.

Álvaro lo miró, horrorizado, dolido. Alfredo se asustó de su propia tristeza por haberle causado dolor. La traición rompiendo la superficie helada fue lo peor. Esta vez sí que se fue, sin decir una sola palabra, y el silencio nunca ahogó tanto.

 

Julieta y Lidia tratan de parar a Álvaro, pero es demasiado tarde.

一Esto no va a salir bien, Lidia, Alfredo no comprende las emociones humanas, es muy inteligente, pero es incapaz de entender a las personas. Esto solo le causará más dolor a Álvaro. ¿Cuánto tiempo lleva ya enamorado de él? ¿Cuatro años? ¡Y Alfredo aún no lo entiende! Tiene que superarlo de una vez…

一Cariño, por favor.

Lidia abraza a su pareja, tranquilizadora.

一Nuestro hijo tampoco es muy bueno adivinando cuáles son sus emociones y las de los demás, y no por eso nos quiere menos, ¿verdad?

一Pero eso es…

一Diferente, lo sé, pero a la vez es igual. Alfredo tiene la inteligencia emocional de un niño de tres años, hay que dejarle tiempo para comprender sus emociones y las de los que lo rodean. 

一Esta es la conversación más larga que han mantenido en meses…

一Pues ya es un buen comienzo, antes se limitaba a contestar con monosílabos. Va aprendiendo, y tenemos que tener paciencia con él.

Julieta asiente, pero no puede evitar sentirse intranquila.

 

A la mañana siguiente, todo vuelve a sucederse como todos los días. Alfredo comienza a trabajar, Marla y Rodolfo, entre besos y abrazos recogen sus materiales y salen a trabajar, y él se queda solo de nuevo. Pero nunca había sentido la soledad de esa forma. Se siente muy culpable por lo que le había dicho a Álvaro, y apenas puede concentrarse en lo que está haciendo. Llega a un punto en el que no puede más, coge algunos instrumentos y sale a buscar a Álvaro. 

Asombra a todos con los que se cruza, que comienzan a cuchichear sobre cuál sería el motivo que lo habría hecho salir de su estudio. Es tan raro verlo fuera que algunos incluso llamaron a sus colegas para que presenciasen también ese momento único y probablemente irrepetible. Al fin lo encuentra, y se dirige con paso firme y tranquilo hacia él.

一Álvaro.

Este está tan sorprendido que ni siquiera puede hablar.

一Siento mucho haber estado siendo un borde contigo. Incluso hice un comentario sobre ti que no venía al caso. Me… confundes, Álvaro. Y aunque sé que eso no es una buena excusa, quería que lo entendieses. Es verano a tu alrededor. 

Alfredo, tan calmado y frío, habló sin parar, sin atreverse siquiera a mirar al otro chico a los ojos, bajo la atenta mirada de casi cien personas.

一No estoy enfadado, Alfredo, tienes razón. Debo resolver muchas cosas antes de atreverme a mirarte o hablarte siquiera. Antes de poder conquistarte.

Alfredo enrojece.

一Sí, me has oído bien. Estoy loco por ti, Alfredo desde hace unos años, y parece que estás muy lejos de mi alcance, pero te juro que voy a demostrarte que puedo ser digno de que mires en mi dirección. Solo espera.

Álvaro le guiña un ojo al chico y luego se aleja hacia Julieta y Lidia. Alfredo ni siquiera ha podido darle el regalo que a toda prisa había transmutado para él.

 

一Hora de poner en marcha el plan, chicas, llamad a Rodolfo y Marla. La operación conquistar a Alfredo ha comenzado.

Lidia y Julieta se miran, felices.

Alfredo no sabe lo que le espera.

Publicado la semana 37. 16/09/2021
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Gracias a Lucía por sugerirme el nombre de Borja
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