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Manuel Avilés

Eres princesa

 

En la metáfora, mi corazón entiende; en el sarcasmo, mi cabeza no asimila.

 

Nos encontramos en un momento en el que las cartas se quedan a medias; las canciones, inconclusas; y las colaciones del medio día, con un bocado que nadie se va a comer.

Nos encontramos en un momento en que los vasos desembocan gracias a un sape en la nuca; donde los besos parten en vehículo y se consuman en una habitación polvosa. Y si no hay habitación polvosa, se consuman en el mismo vehículo. 

Nos encontramos donde “debe dé” y no donde “tiene que”. Nos encontramos encontrando un encuentro, nuestro encuentro. El encuentro del sitio cutre, el encuentro del corazón rumboso. El encuentro desnudo que se sabe sin mérito a lo existente, que se sabe en la promesa y en la proeza de la naciente sobriedad, de la redención en génesis.

Nos encontramos levitando con júbilo en un andén que atestigua miles de litros de sudor, esos que se fusionan con las patas de la cama y antes de la media noche se convierten en sal. Nos encontramos conociéndonos en la segunda planta del constructo material al que se llega luego de 33 escalones.

Nos encontramos con una primera bebida, una primera sonrisa, una primera mentalidad intelectual, un primer beso; una primera carne, después del primer beso; una primer despedida matutina. Un primer nuevo comienzo. Un primer comienzo perfecto.

Nos encontramos pareciéndonos físicamente, como si fuésemos hermanos. Nos encontramos tomándonos fotos con un dispositivo, cuyo lente no enfoca a gente como yo, un lente frontal que no ha funcionado, pues las cámaras en trueque no funcionaban tampoco. Nos encontramos con miles de vaticinios extraordinarios, suponiendo, deduciendo, salpicándonos de lodo y guisados enchilosos de carne.

Nos encontramos en sociedad, a sabiendas que soy el antisocial del barrio. Nos encontramos en la literalidad de tus ideas y en el deceso constante de mi mente fuera de la realidad. Nos encontramos con los pies en la tierra, despertando a tiempo para no dejar el transporte público irse; platicando de gemelos hermosos, casas bien diseñadas y bibliotecas que abarcan la mitad de dichas casas. Conociendo que en mi propia ignorancia encontré al amor.

Nos encontramos suponiendo que vidas pasadas existieron, y que quizá en alguna, sólo en alguna, la vida estaba establecida para esto. Pero también nos encontramos conscientes de que vida sólo hay una.

Nos encontramos ebrios, ebrios como el borracho de la cantina de Maguito. Nos encontramos en el vértigo que conlleva el consumo de sustancias que nunca hemos consumido. Haciéndole el amor a nuestras almas, lamiéndonos las neuronas y bajándonos los calzones. Nos encontramos como el as que guarda Satán en su manga hirviente. Corroborando, incluso, que hasta en lo mísero, en lo técnico y en lo esporádico Dios vive en el café claro de tus ojos.

Nos encontramos cuando fuimos sutiles, pero directos. Entendimos que no hay vuelta atrás, las lágrimas duermen tranquilas en la mecedora de tus brazos, no hay tiempo para una cabeza baja, ni para unos pies que no saben dónde culmina el horizonte. Nos encontramos donde termina una cerveza fría y comienza una mortalidad cálida; en el impulso, la no renuencia, la capacidad y el giro trascendente. Nos encontramos en donde tu corazón supuso estaba el mío y viceversa.

Pero es probable que esté equivocado, no nos encontramos, ahora aquí me encuentro yo, en el lugar en que me permites morar.

 

En el sarcasmo, mi corazón entiende; en la metáfora, mi cabeza no asimila.

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 33. 16/08/2021
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Género
Poesía
Año
I
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33
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