07
SBS

Ella dijo.

Mantuvo la compostura, solo guardo silencio. Las razones expuestas tanto como el corazón. La vio marcharse, a paso lento, como si deseará que él la detuviese. Pero… ¿De que serviría realmente? Estaba parado allí, en medio de un enorme universo y no estaba seguro de si podría volver a dar un paso más. Era como el fin de algo más grande que una relación.

Ella dijo cosas crueles y luego se marchó, pero él sabía que podía ser aún más cruel que eso. No quería detenerla por miedo a escuchar más de todo aquello. La miró marchar como quien pierde un globo en el viento, sabiendo que por mucho que saltase jamás lo atraparía. La miró marchar y fingió que no dolía. Pensó que quizás, si lograba ignorarlo por la cantidad necesaria de minutos, el mundo no parecería tan oscuro como era.

Como un mal actor, giró sobre sus pies y camino en automático a casa. La mente en blanco, el corazón palpitando como si fuese su último día. Cada latido parecía la prófuga gota de una cañería vieja, que pronto, muy pronto, inundaría la casa. 

Ella dijo que ya no le amaba, pero ambos sabían que no era del todo cierto, ¿Realmente le amo alguna vez? Quería pensar que sí, quería pensar que era su culpa y era lo único que estaba mal en un cuadro perfecto del experto Leonardo. Todos eran buenos, ¿No? ¿Por qué ella, en su pureza absoluta, le haría daño a él?

Obviamente tenía que ser su culpa. Ella dijo que estaba harta de la monotonía, dijo que se había cansado de él. Y era entendible, siempre supo que era un poco aburrido, siempre sintió que no tenía la “chispa” que los demás poseían. Entendía.

Pero, ¿Ella entendía? ¿Entendía cuanto dolía? Porque no importa si la gente dice cosas malas, porque es lo que ellos hacen. Sin embargo, ella era especial y cada una de sus palabras tenían el peso de mil toneladas. No creía que ella comprendiera la rapidez con la que lo rompió, porque su cara decía que no importa. Solo era una batalla más perdida, ¿No?

Y a pesar de estar acostumbrado, él estaba cansado de perder. Siempre era quien terminaba mal en la historia, y ninguno de aquellos relatos había acabado bien jamás. ¿Por qué seguir aventurándose en vidas ajenas? ¿Por qué no ser el malo esta vez?

Tal vez ese era su problema. Demasiado bueno para un mundo corrompido. Como un ángel en medio de un infierno, que brilla demasiado para no llamar la atención de las bestias más desalmadas. Y cuando la herida sangraba, no sabía cómo detener aquella cascada de dolor.

Su entorno se lo advirtió, le recomendó alejarse de las brasas calientes. Era un poco terco a veces y, a decir verdad, un poco masoquista. Ojos mentirosos llamaban su atención en cada esquina, y no podía evitarlo. Entonces caía de nuevo y sus amigos suspiraban cansados también.

Las calles se plagaron de gente y ruido. Todo estaba en silencio y vacío para él, algún día entendería por qué. Nadie veía la mochila que cargaba, a nadie le importaba, lo cual estaba bien, porque sería vergonzoso y sabía que no podría comenzar a explicarlo sin llorar mares antes.

Ella dijo que no quería volver a verlo, y él tampoco quería volver a verse. Podían ser amigos quizás, pero ambos estaban seguros de que tampoco funcionaría, había cosas que explicar que no podían desenterrar. Se paró en una esquina, descubriendo que en esta parte de la ciudad la gente menguaba. Volteó atrás, como si pudiera correr de nuevo a ese lugar donde se habían encontrado y hacer todo de forma diferente. No podía hacer eso, porque no era esto una película de esas que solían disfrutar juntos.

Volvió a su andar lento, en automático, deseando estar sufriendo la peor de sus pesadillas. La realidad no es bonita pero es adictiva. Nos gusta desdibujarla en millones de formas, pero jamás saldríamos de ella del todo. Su realidad se estaba rompiendo y renaciendo en una imagen solitaria que no le estaba encantando tanto.

Quizás estaba siendo dramático y tan solo se trataba de esas pausas muy comunes en las relaciones. Algo le gritaba desde el interior que no era un tiempo, que no serían unos meses. Algo estaba confirmándole que era definitivo. Pero decidía creer, como un inocente cachorro abandonado en una caja, que sabe con seguridad que su dueño regresará algún día. Algún día lejano…

Entró a casa y se recostó en su cama. Escuchó su celular sonar, con mensajes de algún amigo. Miró la pantalla y quiso llamarla. Pero la conocía, no contestaría. Un par de veces entro al chat que compartían, escribiendo frases clichés para estas situaciones, ya que su cabeza seguía en blanco por la velocidad en que todo había estallado en su cara. Borraba y volvía a escribir algo diferente. No iba a enviar nada, lo supo desde el momento en que abrió el chat, pero quería… intentarlo.

Ella dijo adiós. Él mantuvo la compostura y deseo que ella se callará para siempre. Pero no se callaría, seguiría hiriéndole en sus más profundas pesadillas, como una astilla que nunca podría quitarse.

Un día lejano encontraría a alguien más, porque nadie ha muerto de amor nunca. Quizás se equivocaría de nuevo, o acertaría como una lotería del romance. Miró la lluvia caer en su ventana y se preguntó cuánto tardaría el mundo en volver a brillar.

Ella dijo que su mundo ya no brillaba cuando estaban juntos. Ella dijo… todo aquello que sabía que dolería. Ella dijo todo lo que el mundo le advirtió que diría. Ella dijo que era suficiente. Ella dijo que era el final.

Era el final de uno de sus tantos relatos. Pero no era el final de él.

Ella podía decir todo lo que quisiese decir, y aun así… él mantendría la compostura.

Publicado la semana 7. 21/02/2021
Etiquetas
ruptura amorosa
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
07
Ranking
0 240 0