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Sergio Carrillo

El fantasma del jetlag.

Me despertó un ruido. Estaba cargando el lavaplatos en la cocina. Limpiando el desastre en el que se había convertido todo desde que tú te fuiste de casa dando un portazo. Me quedé en la puerta de la cocina observándolo y me invitó a entrar con un gesto. Tu fantasma era exactamente igual que tú, aunque más translucido. Claro que eso era fácil porque tú siempre fuiste opaco, en casi todos los sentidos, para mí.

Me miraba con cara de lástima y decepción, pero no dijo ni una palabra. Me preparó el desayuno. Un café con leche y unas tostadas con mermelada. Él tomó un café solo, como tú solías hacer.

Al terminar volví a la habitación. Cuando vio que me tapaba de nuevo con el edredón se tumbó a mi lado. Me acarició el pelo y siguió por la espalda. No sabes cuánto necesitaba esas caricias, cuánto las echaba de menos. Era como si estuvieras ahí, aunque realmente no estabas. Notar el peso de otro cuerpo al otro lado del colchón, aunque fuera el peso de un fantasmagórico y liviano cuerpo, me hizo sentir por un momento feliz. Después se abrazó a mí, y aunque no noté el calor de tu pecho, ni el latido de tu corazón, lo dejé hacer. Nos quedamos dormidos haciendo “la cucharita”, como tú y yo solíamos hacer.

Era medio día cuando me desperté. Él acababa de darse una ducha y estaba sentado a los pies de la cama. Por un momento tuve la sospecha, y el deseo, de que lo que quería era hacerse pasar por ti. Quedarse a vivir en la casa. Desayunar y dormir conmigo. Ser tú y estar para mí, para que yo dejara de estar triste. Pero no, ese no era su plan.

Tenía ganas de hablar. Como tú solías hacer, empezó con una introducción que le servía para preparar el terreno hasta llegar a dónde él quería. No sé por qué hacías eso, como si yo fuera un niño pequeño que necesitara una parábola para entender las cosas. Quizás fue eso, que te cansaste de explicarme siempre las cosas, aunque yo no te lo hubiera pedido nunca.

Me recordó nuestro viaje a Australia. Se divertía explicándome las anécdotas que ya se habían convertido en clásicos de nuestro repertorio. Luego me recordó lo mucho que me costó recuperarme del jetlag cuando volvimos.   

Entonces llegó donde él quería llegar. Me explicó que él era justamente eso, el jetlag que tengo contigo. Que ya hacía días que debería haberse ido, pero que yo estoy aferrado al huso horario en el que tú y yo vivíamos juntos, y que no le dejo irse. Que debo aprender a vivir solo en mi propio huso horario. Y apostilló que yo no podía permitirme seguir atrapado en el sueño pesado de nuestro desamor. Que no podía seguir viviendo suspendido entre el momento en el que te fuiste y mi decadente estado actual.  

Se dirigió al armario y abrió las puertas, me dijo que estaba vacío, aunque yo lo veía lleno de tu ropa. Me cogió de la mano y me arrastró al baño, me dijo que ya no estaba tu perfume, ni tu cepillo de dientes, ni tu maquina de afeitar, aunque yo los seguía viendo ahí.

Me retó a ponerme uno de tus jerséis o unas gotas de tu perfume y cuando lo intenté se desvanecieron en mis manos. Me dejó destrozado enfrentarme a la realidad, pero él quería zanjarlo y estuvimos hablando toda la tarde. Siguió abriéndome los ojos.

“Ya no está, debes dejarlo ir, debes dejarnos ir. Yo no puedo vivir contigo, porque yo no soy él. Yo soy tú, pensando en él, inmóvil en medio de la nada. Tienes que empezar a caminar solo. ¡Tú puedes! El final de algo irremediablemente siempre es el principio de otra cosa”.  

Sus palabras fueron cruelmente liberadoras. Aún más sabiendo que ese fantasma era una parte de mi luchando contra mi tristeza. Así que al final tuve que darle la razón. Cuando me fui a dormir me arropó, me dio un beso en la frente y me dijo que él dormiría en el sofá de la sala.

Esta mañana cuando me he despertado no he escuchado ruidos en la cocina. Tu fantasma ya no daba vueltas por casa. Sé que aún no me he curado de ti, pero me encuentro mejor. Solo me queda desearte que seas feliz y decirte adiós. Yo comenzaré el siguiente capítulo del libro, y me esforzaré por encontrar en él un nuevo principio.

Publicado la semana 13. 29/03/2021
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