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Sergio Carrillo

Todos en reunión.

Toni llegó a casa después de un martes de mierda. Aguantó ocho horas de malas caras en la oficina, con un proyecto que no acababa de funcionar. Y cuando por fin pensó que el día iba a mejorar, discutió con Pedro. Llevaban unos meses conociéndose, whatsappeando a todas horas, saliendo a cenar, yendo al cine o a exposiciones, durmiendo juntos de vez en cuando… Estaban en ese momento en el que se decide si se da el paso de pactar exclusividad con el otro, y todavía no lo tenían claro.

Tras la discusión telefónica con Pedro, un sentimiento iracundo invadió a Toni. Cuando estaba enfadado le entraba un sueño feroz y solo quería dormir. Tampoco tenía apetito, así que se tiró en la cama y cayó rendido en un profundo sueño. Mientras él dormía, se celebró una asamblea en su interior, para decidir qué hacer con Pedro. Se reunieron el cerebro, el pene, el hígado y el corazón… comenzó entre los cuatro un acalorado debate.

Tomó la palabra el cerebro:

“Bueno chicos, no sé qué os parecerá a vosotros, pero yo creo que lo de esta tarde ha sido definitivo para olvidarnos de Pedro. Seamos racionales, este chico no es lo que estábamos buscando. Pero lo peor de todo es que hoy hemos descubierto que no somos su prioridad. Hoy se ha olvidado de que había quedado con nosotros. Justo hoy, que necesitábamos tanto verle. Y cuando lo hemos llamado ¿qué ha hecho? Nos ha dicho que se había olvidado y claro hemos tenido que echarle una bronca y sin dejarnos terminar… el tío nos ha dicho que estábamos muy alterados, que si eso luego nos llamaba. ¿Pero quién se ha creído que es este tío? Dejarnos a media discusión.

Pensémoslo bien, ¿dónde nos lleva esta relación? Si ahora que estamos empezando tenemos estos disgustos… que será de nosotros cuando llevemos enganchados 1 o 2 años a Pedro.

Aunque tengo que admitir que cuando se pone en plan encantador, es irresistible. Su sonrisa me hace unas cosquillas en la amígdala que nunca había sentido. Pero la pregunta es ¿podemos vivir de esas cosquillas para siempre y quitarles importancia a sus otros desastres? Todos sabéis que la respuesta es no. Yo voto por dejar de verlo.

Necesitamos una relación estable ya, basada en el compromiso y el respeto mutuo. No necesitamos otro niñato para nuestra colección de fracasos sentimentales”.

 

Y entonces el pene tuvo que intervenir:

“A ver aguafiestas, ser tan cerebral te agria el carácter y de paso nos amarga a todos. Tendrías que hacer más caso a esas cosquillas que dices que sientes en la amigda… como se diga. ¿Cuál es la verdad? La verdad es que Pedro nos vuelve locos, no me lo podéis negar. Tendréis que reconocer que el sexo con él es uno de los mejores que hemos experimentado nunca. Que se entrega, que trabaja para que el placer sea todo nuestro, y que su cuerpo y el nuestro encajan deliciosamente. Dicho esto, y a pesar de tirar piedras sobre mi tejado, sé que no podemos vivir solo de buen sexo y orgasmos. Sé que vosotros necesitáis más, en realidad yo también necesito más. Y es verdad que hoy, aunque yo hubiera puesto todo mi empeño, después de habernos hecho la guarrada que nos ha hecho, no hubiera podido tener una erección… ya sabéis a mí los disgustos me afectan mucho. Cuando se comporta así, el placer deja de ser suficiente. Creo que, sintiendo mucho tener que votar lo mismo que el aburrido gris, yo también voto por dejar de verlo”.

 

El hígado inició su intervención con una arcada:

“A mí esta relación me tiene mareado. Desde que conocimos a Pedro no dejo de producir bilis y más bilis. Filtrar este amor me está poniendo enfermo, vivo en una resaca continua. Unas veces una dulce embriaguez que me atonta y me hace flotar. Otras una abrupta bocanada de sabor agrio que me tumba en el suelo. Nunca sé a qué atenerme con él. Y cuando hace cosas como las de hoy, es como cuando entrenamos y a los dos kilómetros de carrera me entra aquel flato que me deja sin respiración. Yo también voto no”.

 

El corazón que hasta ahora los había estado escuchado con atención comenzó a reírse y mirándolos divertido dijo:

“Nos hemos convertido en una panda de resentidos, ofendidos todo el día por lo más insignificante. Pero esta vez no me vais a fastidiar. Tengo un pálpito con Pedro, este es el bueno y yo me pienso lanzar. Y vosotros os vais a lanzar conmigo. Si no sale bien la historia, pues no sale bien, pero que es esto de ponernos tantas vendas antes de que pase nada.

Oye, que nos ha dejado tirados hoy, pero ¿lo hemos dejado hablar para que se explicara? No, nosotros somos como hidras histéricas que gritan y no escuchan, escupiendo veneno por nuestras afiladas lenguas. ¿Es que nosotros somos perfectos? O os recuerdo lo que hicimos con el pobre Alberto hace unos meses. No, mejor no os lo recuerdo porque os voy a sacar los colores. ¡Adalides de la rectitud y el saber estar… ja! No me hagáis reír colegas.

Yo digo sí. Digo sí a vivir con cosquillas en la amígdala cuando nos sonríe. Digo sí a disfrutar del mejor y más generoso sexo que hayamos tenido nunca. Digo sí a vivir ebrios en la montaña rusa que significa querer a Pedro, aunque eso signifique tener resaca de vez en cuando.

Con todas sus cosas, las buenas y las malas, Pedro ha conseguido por lo menos que aflore la ilusión en nosotros. Lo que pasa es que estamos muertos de miedo, porque nos asusta que el hombre que tenemos delante de nosotros sea el que llevábamos tanto tiempo buscando. Prefiero vivir de esa ilusión y volverme a caer, que vivir en el recelo y la desconfianza.

Y qué más da si es un poco desastre, si al final lo importante es lo que nos hace sentir cuando está a nuestro lado. Yo sólo sé que empiezo a latir fuerte cada vez que se acerca a nosotros y nos da un abrazo. Estoy seguro, ¡éste es el que estábamos esperando!

 

Entonces sonó el timbre en casa de Toni, despertándolo y cerrando de esa manera tan repentina la asamblea. Cuando Toni abrió la puerta, era Pedro que venía con unas pizzas y con una sonrisa en los labios.  

- ¿Cenamos y me cuentas qué tal el día?

- Lo siento Pedro, antes no te he dejado hablar…

- ¿Te cuento un secreto Toni? Tengo miedo. Esto es nuevo para mí, me gustas de verdad y no lo quiero fastidiar.

En ese momento Toni entendió que Pedro estaba tan asustado como él. Lo invitó a pasar a casa y acabaron la noche con pizza, carcajadas, cosquillas en la amígdala y borrachos de amor. 

Publicado la semana 20. 17/05/2021
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