40
Sergio Carrillo

Astronauta.

Hacía demasiado tiempo que vivía en un lugar que no existía, que no era, al que en realidad no podía acceder, aunque él pensara que estaba dentro. Flotando, suspendido en el vacío, manteniendo un rumbo inerte e invariable. Manteniéndose allí solamente atado a un hilo en constante incandescencia. Sin tener apego por nadie, ni atracción por ningún otro cuerpo. Liviano, desafiando a la ley de gravitación universal.

Era un tipo normal. Nadie que destacara o del que alguien pudiera tener envidia. Solo un tipo más entre la multitud. Pero había algo que lo hacía diferente a los demás, su capacidad de vivir entre las nubes y espacio exterior. Por supuesto, para llegar hasta allí no necesitó un transbordador, solo la capacidad de evadirse y soñar despierto. Por eso vivía allí, como alternativa a su vida tal y como era, sin poder evitarlo. Manteniéndose en ese estado de deriva continua por inercia.

Antes de convertirse en astronauta, compartía esa normalidad diluida entre la multitud con alguien que era su ancla a la vida. Alguien que permitía que siguiera con los pies en el suelo y dejaba que su cabeza volara al espacio porque estirando de él volvía a la realidad. Pero un día él le soltó la mano y ella no consiguió saltar lo suficiente para volver a cogérsela. Sin ella, lo que había en la tierra, cada vez quedó más y más lejos. Se perdió en la nebulosa en la que vivía su cabeza, y a la que sus pies también lo acompañaron.

Se quedó allí perdido desde entonces, sin recordar el camino de vuelta. Siempre a la espera de que ella volviera a cogerle la mano para hacerlo volver, como siempre había hecho. Pero él estaba demasiado lejos, ella ya no llegaba a donde él estaba a pesar de hacer todos los intentos posibles.

A merced de la inercia, una de las veces que bajó del espacio lo suficiente y estaba más cerca de las nubes, una racha de viento avivó la incandescencia del hilo que lo mantenía suspendido y se incendió. Dejó de estar entonces suspendido y comenzó una caída libre sin freno. Aterrizó en su cama. Cuando ella le quitó el casco, él supo que había vuelto a casa. Con un beso ella volvió a restablecer la gravedad y él se ancló de nuevo a la vida cogiendo su mano para que su enfermedad no volviera a alejarlo de ella.

Día mundial de las enfermedades mentales.

Publicado la semana 40. 10/10/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
40
Ranking
0 178 0